Blogia
InAdApTa2

La historia de la valla

Queridisimos herbotes, que os quede claro que esta historia no es de coña, es un hecho real ocurrido en el colegio de Jodento El Videt, y debe ser denunciada:

* * *

Todo comenzó de forma más o menos sospechosa, aunque nunca hizo saltar del todo la alarma en las mentes de los alumnos. Simplemente, cuando llegaron por la mañana, se hallaron a sí mismos observando contrariados a la par que escamados las obras de una incipiente valla.
Dicha valla separaba una mitad del colegio, en la que había campos de fútbol, tenis y baloncesto; de la otra, que era la destinada a la enseñanza. De por sí, este hecho no hubiera tenido la menor importancia, si no fuera porque el terreno del que se aislaba a los alumnos era el suyo de recreo. Si los hubieran aislado de la zona donde se encontraban los pabellones de enseñanza, no les hubiera importado, pero era irritante que les negaran el acceso a su único reducto de ocio.
Los más optimistas comentaron que la valla sería, simplemente, para diferenciar la zona de recreo de la de estudio, y así abrir la verja cuando los alumnos no tengan clase; otros, los más pesimistas, dejaron caer el rumor de que no se permitiría la entrada a los alumnos en ningún momento, salvo para hacer deporte.
Ambos estaban equivocados.
Nadie olvidaría el día en que la verja estuvo terminada, ni tampoco los días que siguieron a su construcción. Era en verdad una valla espléndida, de hormigón por abajo y verja de alambre por arriba. A pesar de la contrariedad que representaba, no por ello los alumnos dejaron de ir a tal zona, ya que saltaban tal obstáculo con moderada facilidad. Mas, incluso sabiendo que estaban transgrediendo una norma, no se esperaban encontrarse con que, días de desobediencia después, la valla había sido coronada con un par de serpenteantes tiras de alambre espinoso. Incluso con tal impedimento, hubo algún que otro inadaptado que la saltaba, aunque nadie se explicaba cómo.
Se empezó a sospechar seriamente cuando un alumno, tratando de escalar la barrera de hormigón y alambre, cayó fulminado nada más agarrarse a la tela metálica. Un corro de chicos rodeó su cuerpo aún convulso y humeante. Nadie dio explicaciones al respecto, y en la esquela constó que había muerto de un ataque de epilepsia ?hecho inaudito?. Sin embargo, nadie volvió a acercarse a la valla.
Los días pasaron, y la valla aún se erguía, desafiante, con sus hierros mortales rutilando al sol, esperando a fulminar a aquel que osara rozar su pulida superficie.
Por otro lado, la comida cada vez tenía un sabor más raro, a la vez que los profesores habían adoptado una mirada ávida. Una vez, cierto alumno advirtió que la mayor parte de la comida eran estimulantes y grasas, e incluso juró que había visto botes de pastillas de cafeína en la cocina. No se supo más de él, aunque en su momento se dijo que había sido expulsado.
Llegó entonces el día funesto, en el que se hizo entrar a todos los alumnos, adecuadamente vestidos con ropa de deporte, en la zona que les había sido vedada.
Los profesores cerraron el recinto, amartillaron unas escopetas que tenían reservadas para la ocasión, y por fin pudieron disfrutar de una temporada de caza de alumnos.
Y nadie lo pudo evitar.

0 comentarios